Graffiti paleolítico: el experimento

Mano paleolítica en la cueva de Merle, en Francia.

Todos conocemos las pinturas rupestres del paleolítico. Nuestros antepasados daban testimonio de su paso por el mundo decorando las paredes de las cuevas en las que vivían con diferentes escenas, sobre todo de caza. La técnica que más utilizaban consistía en aplicar los pigmentos —de origen vegetal, mineral o incluso animal— directamente con los dedos o con pinceles rudimentarios.

Pero hay otra técnica que utilizaban hace la friolera de 27.000 años (entre 25.000 y 30.000 años, en realidad), sobre la que leí hace poco en la Ciencia y sus demonios y me fascinó. Se trata de un aerógrafo primitivo con el que se pulverizaban la pintura sobre una pared, delineando un objeto —una mano, por ejemplo— que ponían delante (Actualización: Me comenta Conrado un curioso estudio; contando las manos izquierdas y derechas de las pinturas conocidas, se concluye que la proporción de diestros y zurdos entre nuestros ancestros era aproximadamente la misma que hoy en día).

Lo que me cautiva no es tanto el tipo de pintura en sí como el ingenio y las dotes de observación que mostraron nuestros antepasados al descubrirlo e incorporarlo a su cultura. Y es que este aerógrafo funciona gracias a un efecto físico cuyo funcionamiento se describió unos 30.000 años después, en el siglo XVIII. Me refiero al efecto Venturi, que en esencia consiste en que el aumento de velocidad de un fluido produce una disminución local de la presión.

Esquema del efecto Venturi aplicado al aerógrafo paleolítico.

Dicho así puede resultar árido y sin aplicación práctica, pero nada más lejos de la realidad. Fíjense en la imagen que acompaña estas líneas: al soplar por el tubo horizontal, hay un aumento de velocidad del aire en el extremo del tubo vertical, lo que provoca que la presión disminuya. El otro extremo del tubo vertical, en cambio, está sometido a la presión atmosférica que actúa sobre el líquido —agua con pintura disuelta—, que al ser mayor, empuja el líquido hacia arriba por el tubo. Cuando el líquido llega arriba, se encuentra con el flujo de aire a gran velocidad, y es eyectado —pulverizado— hacia delante.

“Esto son dos astrofísicos y dos biólogos en un bar y…”

Pero a lo que vamos. El caso es que este fin de semana, aprovechando un viaje a Málaga, nos reunimos con nuestros amigos Juanjo y Emilio, de gotA a gotA, y el tema terminó surgiendo en la conversación. Ellos también habían leído el artículo de marras y estaban igualmente impresionados, y como unos y otros somos así —de frikis, si se quiere—, nos dio por hacer la prueba y crear nuestro propio aerógrafo del paleolítico en plena tetería de San Agustín —a quienes agradezco que no nos echaran con la que montamos en mitad de la terraza.

No crean que la cosa fue inmediata, no. Comenzamos usando dos trozos de pajitas y un vaso de agua con restos de té, y fallamos estrepitosamente. Pensamos que quizás el diámetro interior de la pajita vertical era excesivo, y que tanto un tubo más estrecho por el que el volumen de agua a levantar fuera menor como la mayor capilaridad que tendríamos se lo pondrían más fácil a nuestros perjudicados pulmones de urbanita. De hecho llegamos a conseguirlo, con gran alborozo por nuestra parte, usando un papel fuertemente enrollado con una abertura de 2 o 3 mm, pero luego comprobamos que el problema había estado en nuestra falta de técnica: los investigadores describen en este artículo sobre los aerógrafos encontrados en Altamira —cuya lectura recomiendo— que los huesos vacíos de ave que se utilizaban tenían diámetros internos de 6 o 7 mm, más que una pajita, y que ellos habían conseguido reproducirlo experimentalmente.

Así que tras un poco de práctica le pillamos el tranquillo y con María del Mar a la cámara grabamos el vídeo improvisado que pueden ver al final de la entrada. ¡El aerógrafo paleolítico Venturi en acción!

Hagan la prueba. Es fácil y divertido, y puede funcionar como aerosol casero. Además, algo mucho más importante, nunca sabe uno cuándo puede viajar en el tiempo al paleolítico por error, y conviene estar preparado para lo que pueda pasar. Con algo de práctica, podría usted convertirse en el Velázquez de Altamira.

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Acerca de Miguel Santander

Tras el Horizonte de Sucesos
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4 respuestas a Graffiti paleolítico: el experimento

  1. Pingback: Enlaces yuriesféricos del 24/05/2011 | La Yuriesfera

  2. Jajaja, ¡muy divertido! Ya veo que nos vamos a aficionar todos a los vídeos. ¡Un abrazo, a los que están delante de la cámara y a la que se oye grababa el vídeo!

  3. Tixolo dijo:

    De ahí al carburador un pasito 😀
    Excelente blog, un saludo

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