(el siguiente cuento lo escribí para otra convocatoria del grupo cuentoyó —del que de verdad tendré que hablar en otra ocasión— cuyo tema era «Odisea», y refleja una parte infinitesimal de mi cariño y amor por los aeropuertos, que no por los aviones, ojo.)
Si Ulises hubiera tenido teléfono móvil, otro gallo habría cantado.
—Cariño, voy en el taxi camino del aeropuerto. Todo bien, hemos cerrado el trato. Llegaré a Los Rodeos a las nueve…… sí…… sí…… y yo a ti. Luego nos vemos, adiós.
Mientras hacía la cola del control de seguridad, Aude recordó sus propias palabras y sonrió con amargura. Qué ingenua había sido. ¿Cuánto hacía de aquello? ¿Quince días? ¿Veinte? Al menos siete desde que había tenido que empezar a reciclar la ropa interior, lavándola en los baños de hoteles y estaciones. Seguir leyendo


















