Escribo estas líneas a mi vuelta de Amazings Bilbao 2012, aún abrumado por la cantidad de cosas que he aprendido y el buen rollo (por no ponernos demasiado cursis) que ha marcado el evento.
No soy muy dado al optimismo exaltado, y quizá se deba a la resaca emocional del asunto, pero si tengo que describir el resultado en una sola palabra, ésta es «esperanzador». Pues me parece esperanzador que en los tiempos que corren, en un país cuyos gobernantes dan la espalda a la ciencia de manera manifiestamente irresponsable, un evento de divulgación científica como Amazings Bilbao 2012 llene, no una, sino dos salas un viernes por la mañana. Unas seiscientas personas en vivo, más varios miles siguiéndolo en directo a través de internet. La ciencia interesa y apasiona cada vez a más gente. Queda muy lejos, pero cosas como Amazings Bilbao me hacen soñar con un día en que nuestra sociedad haga comprender por fin a la clase política que, sin ciencia, no hay futuro.
Tampoco soy muy dado a ponerme emotivo por estos lares, pero la circunstancia bien merece que haga una excepción. Ha sido una gozada reencontrarme con todos aquellos que ya conocía en persona, y desvirtualizar a los que no (tanto colaboradores de Naukas como otros compatriotas de internet). Ya sé que en la casa de Gran Hermano «todo se magnifica», pero sigo teniendo el buen rollo en el cuerpo y la sensación de haber reforzado viejas amistades e iniciado otras nuevas. Decenas de amistades. O tesoros, que diría aquél.
Y, por encima de todo, tengo la certeza (esta vez sí, @aberron 😉 ) de que los señores Javier Peláez, Antonio Martínez Ron, Miguel Artime, José Cuesta y Juan Ignacio Pérez han creado algo grande con Amazings-Naukas. Algo muy grande.
Y me considero muy afortunado por ser parte de ello.