
Si el Sol fuera un balón en la portería de un campo de fútbol, estos serían los tamaños y las distancias a Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y Júpiter. La Luna sería una mota de polvo a cuatro dedos de la Tierra. Clic en la imagen para una versión mayor. (Los dibujos de los planetas y el Sol, que no están a escala, son de Dan Wiersema.)
(ACTUALIZACIÓN: Debido sin duda a la participación del autor del blog en una conspiración mundial para mantener a la población en la ignorancia —de modo que cuando venga el planeta Hercólobus, Nibiru, Ganímedes o Raticulín tan sólo digan «ah, eso es Marte, fijo» y no corran a los refugios bajo tierra—, la versión previa al 5 de Marzo de esta entrada es errónea. La alternativa, que implicaría la lamentable incapacidad del autor de este blog para distinguir «perímetro» de «diámetro», sumada a su absoluto desconocimiento del deporte Rey, es mucho menos probable. Así que, repita con nosotros: «la versión anterior era errónea». Y ahora apague el ordenador y no hable de ello con nadie. Firmado: los hombres de negro.)
Acostumbrados a que en nuestra vida cotidiana el Sol y la Luna tengan el mismo tamaño en el cielo (de ahí que la una pueda eclipsar totalmente al otro) y a que los planetas y estrellas sean meros puntos luminosos en el firmamento, no solemos preguntarnos cómo son de grandes, y cómo de lejos están.
Empecemos por el Sol y los planetas. El Sol, centro del Sistema Solar, tiene un diámetro de 1 millón cuatrocientos mil kilómetros, que así, dicho a pelo, puede dejar frío a quien se pierda un poco con los números. Así que reduzcamos la escala de todo el sistema solar hasta un tamaño que podamos manejar fácilmente.
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