
Un gen muy peculiar. (Vía Quo.es)
Ya ha salido el número 4 de la revista de ciencia-ficción de la TerBi. Entre otros muchos textos interesantes se encuentran los relatos finalistas (la segunda tanda de ellos, la primera fue publicada en el número anterior) del II Premio TerBi de relato, en esta ocasión acerca del tema Inmortalidad.
En «El gen olvidado«, mi relato, quise aproximarme al tema propuesto en clave de ciencia-ficción dura y desde una perspectiva muy diferente: la de los genes. Creo que no hay sino dos clases de inmortalidad: la de los genes al perpetuarse y la individual, que dura mientras te recuerden —y a la que dedicaré mi próximo relato. El claro contrapunto ofrecido por la mayoría de las religiones, en concreto el cristianismo con su propuesta de alma, me permitió plantear la siguiente cuestión: ¿desaparecería la religión, tal y como la conocemos, de desarrollarse y popularizarse la teleportación cuántica*? ¿O sería sustituida por otra cosa?
No me enrollo más. Pueden leerlo (aquí en PDF y aquí en ePub) y, si les apetece, debatimos en los comentarios. ¡Espero que les guste!
[Nota: en una lectura rápida he encontrado varios saltos de línea que no deberían estar ahí. En ambas versiones. Misterios de la informática en la maquetación, imagino. Así que si una línea nueva tiene mucho más sentido como continuación de lo que estaba diciendo el personaje en la línea anterior, no lo dude, es así.]
*Entiéndase teleportación cuántica no al modo del hiperespacio de Star Wars, sino como un sistema serio, basado en la mecánica cuántica que conocemos, que requiere la destrucción del original para crear una copia en el lugar de destino. Ah, y si está usted pensando en hacerse un clon con un cacharro de estos, que sepa que es materialmente imposible, pues el copiado cuántico implica la destrucción del original. Siempre. En serio. Nada de clones-que-son-yo-pero-no-son-yo.